martes, 29 de septiembre de 2015

Aforismos

Lo peor para Caperucita fue cuando le vio las orejas al Lobo

El Lobo sobre Caperucita:
"Lo que más me gusta de ella son las cosas que no puedo controlar"

El final de la historia ya lo sabemos: Caperucita se fue con El Leñador. El Leñador cumplió con los preceptos de sus antepasados y solamente cortó una parte del bosque. Sus hijos desobedecieron esos preceptos de los antiguos y cortaron todo el bosque, excepto lo necesario para que la familia tuviera fuego el siguiente invierno.
Los hijos de sus hijos se llevaron por delante los bosques de otras aldeas y sus descendientes siguieron hasta otros países arrasando todo a su paso, estos ya con un pretexto: acabar finalmente con el Lobo Feroz.
Algunos creen que lo que realmente los movía era la codicia.

jueves, 5 de febrero de 2015

Lo que comenzó en Sol (ese atrevimiento)

El día quince de mayo de 2011 estaba cenando con unos amigos en la Casa de Granada, que tiene una bonita terraza que da a la Plaza de Tirso de Molina, en Madrid. Allí llegamos después de haber estado en la Puerta del sol, en una protesta masiva convocada por el movimiento DRY (Democracia Real Ya). Después de algunas cervezas nos empezó a subir olor a quemado de la calle, y era que algunos radicales estaban prendiendo fuego a los contenedores de basura. La policía los persiguió, pero aquellos habrían desaparecido en las callejuelas de Lavapies. Mientras tanto en Sol, algunos manifestantes (se dice que fueron unos quince) empezaron a acampar en medio de la plaza, pero duraron poco. Los de azul los sacaron a las malas, o sea con malas maneras, con violencia.

De eso nos enteramos a media noche y fue un consenso general de que ese desalojo no podía ser el final amargo de ese día. Veníamos de ver durante los meses pasados cómo millares de Egipcios ocupaban la Plaza Tahrir y derrocaban con su propia fuerza y poniendo cientos de muertos a un dictador procaz, vimos por televisión la euforia de cientos de miles de personas cuando escuchaban las palabras de Mubarak anunciando su dimisión. Sentimos que el mundo comenzaba a cambiar.

Lo que pasó después del día quince de mayo de 2011 en Madrid no surgió de la nada. Para mí, la crisis económica empezó a mediados de dos mil nueve, cuando no pude conseguir trabajo más. Para otras personas, comenzó mucho antes, cuando dejaron de pagar las tarjetas de crédito que el banco les ofrecía como parte del contrato de la hipoteca de sus viviendas con precios parisinos. nadie lo vio venir y el resultado para miles de familias españolas e inmigrantes fue catastrófico.

Que nadie lo vio venir? bueno, algunos lo vieron venir. Ya en dos mil cinco algunos foros de economía hablaban de los elevados precios de la vivienda; los políticos negaban rotundamente la existencia de una "burbuja inmobiliaria" o sencillamente se negaban a pronunciar la palabra "crisis". Las grandes empresas presionaban a los sindicatos para que estos permitiesen el cambio de las leyes de protección a los trabajadores y muchos se dieron cuenta que desde 2006 la patronal estaba preparando lo que ahora es una realidad en España: trabajo precario. Los ciudadanos seguían disfrutando del festín y se hipotecaban para vender un 30% más caro en seis meses, estrenaban automóviles cada dos años y se iban de vacaciones a Punta Cana o Varadero. Los promotores de vivienda eran la mafia de España y encaletaban kilos de billetes de quinientos euros en sus lujosas residencias. Algunos ciudadanos de a pie empezaron tímidamente a manifestarse. Recuerdo estar en el Parque de El Retiro con un amigo y ver a unas quince personas con unas pancartas. Eran del movimiento por la Vivienda Digna y animaban a la gente a unírseles. Mi amigo y yo no quisimos hacer el oso y decidimos mirar hacia otro lado, como el resto del mundo.

En 2011 algunas movilizaciones de estudiantes fueron el preámbulo del 15-M. Esas manifestaciones contaron con bastante fuerza, y tuvieron una convocatoria que cogió desprevenidos a los políticos autonómicos y a las "fuerzas del orden", que no podían aparecer ante las cámaras dando porrazos a una multitud de jóvenes de diecisiete años. No solamente eran entonces la gente de a pie sino los estudiantes quienes también sentían los recortes del gobierno español haciendo frente a la crisis provocada por los bancos.

Lo que pudimos escuchar por parte de activistas e intelectuales en la tarde del 15-M fue el crisol de lo que estudiantes y ciudadanos pensaban y venían padeciendo desde 2006: la inconformidad por las decisiones de los políticos. Por fin los ciudadanos nos empezamos a mover, obviamente porque nuestro suelo se estaba moviendo y nos sentíamos caer. El desalojo y la detención de los manifestantes que se quedaron esa noche en Sol, fue para muchos de nosotros una falta de respeto con esa decisión de apoderarnos de la protesta, y quisimos protegerla... Y allí nos fuimos, a Sol, a no dejar que esos que querían acampar fueran desalojados.

Todo ocurrió de manera espontánea. Creo que en principio ni siquiera las redes sociales tuvieron que ver. Fue esa idea que estaba en la cabeza de todos, de que había que proteger a los que habían decidido instalarse en la plaza, lo que nos empujó a estar allí con ellos durante por lo menos un mes de manera masiva. Nosotros decidimos estar allí todas las tardes y hasta la madrugada con quienes acampaban, que se iban poco a poco multiplicando en número. Esperábamos en cualquier momento la reacción de la policía, pero nunca llegó. Durante los primeros quince días hubo al menos diez mil personas todas las noches vigilando que nadie se acercara a los acampantes. El ágora se abrió de par en par y con miradas se empezaba la conversación que siempre convergía hacia el mismo tema: como generar el cambio. Los manifestantes más avezados crearon la asamblea y organizaron la protesta que siguió. Se incorporaron nuevas maneras de lenguaje, como por ejemplo el aplauso de los sordomudos. Miles de manos agitándose en el aire con toda la multitud en silencio. Puerta del Sol con diezmil personas en silencio absoluto fue uno de los momentos mágicos que allí vivimos. Ese silencio era seguido por una bulla escandalosa y los gritos al unísono de "no nos representan" estábamos eufóricos.

En Sol quisimos cambiarlo todo. Quisimos cambiar el sistema, y por eso se acotó la palabra "antisistema" en los medios de comunicación. En Sol despertó la utopía y por eso se nos llamó "perroflautas" "yayoflautas", porque el cambio del sistema pasaba por derrumbar el capitalismo para crear una sociedad asamblearia, con ideales cercanos al anarquismo como movimiento político. La horizontalidad en las decisiones de la asamblea desembocó en movimientos vecinales que empezaron a interactuar con la gente en los barrios para crear organizaciones basadas en la autogestión. Cuando los políticos por fin decidieron desalojar Sol, las asambleas en los barrios conservaron con bajo perfil ese deseo de cambio.

Muchos políticos respiraron aliviados cuando el movimiento 15-M perdió fuelle. Quizá por eso no vieron venir lo que ocurrió en la televisión cuando un profesor de la Universidad Complutense de Madrid empezó a hablar de tú a tú con los principales ideólogos de la derecha en los medios de comunicación. Pablo Iglesias vio la oportunidad perfecta para atacarles con la dialéctica inobjetable que proporcionan las decisiones estúpidas y la corrupción de nuestros gobernantes. Las frases y las respuestas de Pablo Iglesias eran todo lo que la asamblea del 15-M había planteado sobre lo que era y sigue siendo España. Pablo Iglesias es el resultado ideológico de todo cuanto pasó en las asambleas de Sol. De la nada y gracias a su popularidad creó a Podemos y el planteamiento original era el mismo que tenía la asamblea en la Plaza: absoluta horizontalidad en las decisiones, un movimiento sin líderes donde él sería el conductor que nos llevaría hacia el cambio generacional que necesita la política en España. Creo que muchísimos de los que estuvimos en Sol asistiendo a las asambleas votamos por él y por su movimiento en las elecciones europeas que le llevaron junto a otros correligionarios a Bruselas.

Después han venido cosas que a muchos no nos han gustado. Las listas cerradas, la toma de decisiones de manera unilateral, la pérdida del espíritu asambleario. Mucha gente se ha decepcionado totalmente de lo que Iglesias ha hecho y empiezan a compararle con la "casta" de la que él tanto reniega. Se le empieza a ver con escepticismo dentro de su propio movimiento, mientras otros le miran con pánico, porque creen que bajo su gobierno, España se convertirá en un "estado fallido", una república bananera. Este pánico viene de gente que tiene mucho que perder si alguien con el planteamiento económico que trae Iglesias (respaldado por economistas de primer orden como Vicenç Navarro) llega al poder.

El único rival político a la altura de la estulticia de Mariano Rajoy se llamaba Alfredo Pérez Rubalcaba. Ambos se cogían de la mano, porque los dos eran uno, así como la rémora vive del tiburón sin que este la muerda, porque el uno sin el otro no tienen razón de ser. El bipartidismo que nos ha mantenido en la ignorancia de lo que pasaba detrás, o sea el total acuerdo de los grupos económicos y financieros con estos políticos, está sufriendo una fractura en España. Y es posible que Pablo Iglesias tenga una oportunidad ante el nuevo elegido del PSOE, un tal Pedro Sánchez, que fue sacado de segunda línea para aparecer en los afiches y discursos de su partido con su "apariencia juvenil y renovadora". Es posible que Podemos tenga posibilidad de disputar el poder al PP en las próximas elecciones.

Este pasado 31 de enero Pablo Iglesias fue acompañado por unas cien mil personas en la Puerta del Sol en su Marcha del Cambio, y ya como un político que prematuramente está llegando a un sitio destinado a los elegidos por grandes bancos y patronales, se atreve a a darnos un mensaje de esperanza y a creer en el proyecto de su recién creado partido. Podemos se ha atrevido a hacer algo impensable para la verdadera izquierda en España desde el final de la Transición, y es importante atreverse aunque hayan errores en el camino, porque este es un nuevo camino.



viernes, 25 de julio de 2014

naturaleza o civilización?

En la naturaleza un ecosistema muestra la perfección de cómo las distintas especies interactúan en un equilibrio constante. Allí, de manera espontánea, cualquier pequeño desajuste es compensado por otros elementos dentro de ese conjunto para volver a su funcionamiento original y a su permanente evolucíon. Aunque los científicos hayan establecido jerarquías en la clasificación de los ecosistemas, la naturaleza no utiliza esos razonamientos: un león no se cree más importante que una hiena, del mismo modo que una acacia no se cree más importante que un liquen. Están en constante diálogo dentro de sus propias dinámicas y no hay desajustes que lleven a la destrucción de manera abrupta. Todos hacen parte de la misma armonía que ha llevado millones de años en llegar hasta este punto.

Los humanos, que también hacemos parte de la naturaleza, hemos escogido otra manera de vernos a nosotros mismos, muy distinta a la de nuestro ecosistema. Nuestra organización es jerárquica, hay distintos niveles y categorías del “punto más alto” al “punto más bajo”: "La élite y la escoria", "los dirigentes y el pueblo", "los de arriba y los de abajo" (según el estatus donde nos encontremos así nos expresamos). En esa pirámide existen seres que dirigen y otros que obedecen, al contrario del ecosistema, donde no hay ningún “líder” y todo ha funcionado durante millones de años sin contratiempos (hasta que la industrialización lo jodió todo)

Al contrario que la naturaleza, nuestro tipo de organización nunca ha sido equilibrado ni armónico, y siempre ha mostrado ser un fracaso rotundo, ya sea por guerras, plagas, hambrunas o locura. Desde hace mucho tiempo, hemos pasado por distintos sistemas de organización y ninguno, ni el más violento ni el más pacífico han sido capaces de encontrar un equilibrio entre nosotros mismos o con la naturaleza. ¿Porqué?

En algún momento de nuestra historia, cuando apenas éramos como especie un conjunto vulnerable a la naturaleza, necesitamos de “líderes”, personas con habilidades suficientes para encontrar soluciones a problemas como por ejemplo buscar un entorno adecuado para encontrar alimento o construir una vivienda. Aún así, esas organizaciones eran de tipo comunitario y todos los elementos que hacían parte de ellos tenían una función concreta. El liderazgo era simplemente un factor de organización para el día a día.

Con el advenimiento de las “civilizaciones” y la creación de las élites y las grandes religiones, el concepto de liderazgo cambió y en lugar de organizar se pasó a dirigir, a manejar, a manipular. Unos pocos mandaban y el resto solamente obedecía, y los conceptos de esos “dirigentes” estaban totalmente justificados por las grandes religiones y sus cúpulas, que muy frecuentemente hacían parte de la misma élite y estaban de acuerdo en como se manejaba al pueblo. En principio estos niveles de organización no deberían ser malos, sin embargo la forma en que se ha dirigido nuestro sistema de pensamiento no nos deja oponernos a esos dirigentes aún cuando ellos demuestren de hecho ser unos corruptos. Hemos sido manejados para ser incapaces de cuestionar su liderazgo o el sistema que han diseñado. Nos han vencido con ideas, y cuando una idea incuba en nuestras mentes, es imposible sacarla. Al igual que Mal -la esposa de Dom Cobb en la película Inception de Christopher Nolan-, somos una sociedad lanzándose al abismo por esas ideas que tenemos incubadas hace miles de años.

Estamos en un momento en el que gracias a los medios de comunicación multilineales como internet, se puede recoger información de miles de puntos de vista, y cambiar nuestra forma de ver la realidad. Para ver de forma distinta esa realidad, hay que ser capaces de cuestionarnos el cómo asumimos nuestras creencias, cómo asumimos nuestra actitud ante los “líderes” y cómo asumimos nuestra respuesta a la forma en que ellos nos controlan. Esa manera de manejar la sociedad nos está llevando a la locura o a la guerra o a la hambruna, según el lugar donde estemos. Si somos capaces de ver esas cosas y comenzamos como sociedad a interactuar de forma distinta, más parecida a la naturaleza, nuestras ideas y acciones tendrán un valor distinto y quizá sea posible modificar este sistema. Nosotros podemos tumbar esa pirámide y convertirnos en una sociedad con una organización natural (algunos teóricos han llamado a este tipo de interacciones sin jerarquía Rizomas).

el poder

las relaciones humanas, cuando están basadas en algo distinto al amor universal, se basan en el poder. Lo estamos otorgando sin saber, de manera cotidiana, a nuestro hijo malcriado, a nuestra pareja insegura, a nuestro jefe abusivo, a nuestro vecino insoportable (eso cuando no somos uno de ellos) a nuestros amigos, a nuestros gobernantes… pero, porqué otorgamos ese poder?

desde hace mucho tiempo hemos cedido nuestra libertad de acción y criterio, nuestra consciencia. hemos regalado lo que nos hace invencibles por un poco de comodidad, por una idea de la que nos han convencido, la dependencia: "solo con nosotros podrás salir adelante", "con este signo te salvarás" (cuando los de arriba han usado ese signo para generar guerras). incluso nosotros mismos hemos sabido manipular esa idea a nuestra conveniencia con nuestros semejantes: "no puedo vivir sin ti", "sin mi no eres nada"….

nos han vencido con una idea. el hecho de aceptar esa idea y aferrarnos a ella, ha despertado nuestro instinto más basico, el miedo (ese mismo que les sirve a los animales para sobrevivir a verdaderos peligros y a nosotros para arrinconarnos en nuestros caparazones); es por esa razón por la que todas nuestras relaciones están condicionadas por ese sentimiento y las personas que tienen el "poder" manipulan ese instinto primario y nos hacen seres sumisos, sin capacidad de reacción real

cuando sepamos ver en nuestro interior la libertad y la verdadera energía de la que estamos hechos, no cederemos más el poder porque nosotros seremos el poder.

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